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Jalcomulco vs Gobierno, una guerra por el agua que ninguno quiere perder

Tras cinco años de resistencia, los habitantes de Jalcomulco se han mantenido en pie en contra del gobierno, pues no permitirán que se construya una presa hidráulica en el río “Pescados”, importantísimo para el sustento de la pesca (uno de sus pilares económicos) y del turismo.

El campamento Centinelas del Río inició el 20 de enero del 2014, con guardias diurnas y nocturnas, en la entrada del predio “El Tamarindo” para defender el río Pescados en Jalcomulco, donde se tiene intenciones de construir una hidroeléctrica que pueda surtir agua a la capital del estado, Xalapa, a 41 kilómetros de Jalcomulco y con una demanda, según la Comisión Municipal de Agua Potable y Saneamiento de Xalapa (CMAS), de 200 litros de agua por persona.

Este megaproyecto, que tiene una antigüedad de cinco años, estaría a cargo de la trasnacional Odebrecht ―célebre por su escándalo de corrupción en diversos países latinoamericanos, incluyendo México― en convenio con el entonces gobernador, Javier Duarte de Ochoa. Esta presa tendría unos 100 metros de altura y 700 metros de ancho, y un embalse de unas 400 hectáreas para almacenar 135 millones de metros cúbicos de agua.

Sin embargo, debido a la diferencia de altura entre Jalcomulco y Xalapa, la presa quedaría por debajo del nivel de Xalapa, lo cual implica una elevación significativa en costos para transportarla. ¿Por qué? Porque las presas funcionan de la siguiente manera: la energía cinética que provoca el agua al caer de un desnivel se vuelve en eléctrica, por lo que, a mayor altura, mayor producción de watts. Puesto que Xalapa está a 1,400 metros sobre el mar y Jalcomulco a 500, se necesitaría energía extra para transportarla y, por consiguiente, dicha elevación de costos.

Según la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente, la construcción de una presa con esas magnitudes trae consigo pérdida irreversible de especies y ecosistemas, así como empeoramiento de la calidad y salubridad de las aguas por la modificación artificial de las cuencas hidrológicas. Además de que esas no serían las únicas consecuencias: la hidroeléctrica impactaría en el 90% de las actividades económicas del pueblo como se mencionó al principio de este artículo, éste quedaría sumergido bajo las aguas del río en caso de inundación.

Hasta hace cinco años, la cuenca hidrológica “Río La Antigua” contaba con un decreto de veda emitido por Lázaro Cárdenas, el cual, desde 1935, prohibía el uso y aprovechamiento de esta agua. Esto cambió cuando el 5 de junio de 2018, por decreto presidencial del expresidente Enrique Peña Nieto, La Antigua formó parte del grupo de cuencas del país, donde la veda quedaba eliminaba, pasando a ser una zona de reserva, es decir, una zona donde no hay impedimentos para el aprovechamiento, extracción de agua y otorgamiento de concesiones.

Entonces se creó el campamento Centinelas del Río, el cual ha soportado el acoso, hostigamiento, represión y embates del gobierno. A esta resistencia se le unieron los habitantes de la cuenca “La Antigua”, pues el proyecto traería consigo otras “mini presas” a cargo de diversas transnacionales que llenarían de hidroeléctricas en toda la Cuenca, lo que devastaría los afluentes que llegan a municipios como Xico, Teocelo, Coatepec, Ixhuacán y Cosautlán.

El campamento, que ha sobrevivido a base de hermandad, apoyo y donativos de los conductores, cumplió su quinto aniversario, a pesar de que el 19 de diciembre del 2018, el actual presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que firmará un acuerdo de coinversión con la empresa canadiense Hydro-Québec para modernizar 60 hidroeléctricas del país, ya que, según sus declaraciones, no es oportuno crear más hidroeléctricas, sino potenciar la producción de las que ya existen.

En Jalcomulco la resistencia continúa porque todavía no está cancelado definitivamente el proyecto de Odebrecht. Se ha levantado una demanda de amparo en contra del decreto que levantó las vedas, con el argumento de que es una medida que disminuye el estado de protección de la cuenca. También se arguyó que no está justificado adecuadamente el cumplimiento de los objetivos de las vedas, ni considerados todos los aspectos sociales, ambientales y culturales. Aún continúa pendiente la resolución definitiva del asunto.

Si bien poco se ha avanzado en contra del proyecto de la presa hidroeléctrica, los integrantes de la resistencia continúan realizando asambleas ejidales y ciudadanas donde se mantienen informados, en comunicación y vigilancia constante. También recurren a los procesos legales, la movilización ciudadana, la difusión, el apoyo que reciben e incluso en la música. Si hay algo que tienen en claro todos los habitantes del pueblo es que el río es de todos. El río “Pescados” es quien da vida y trabajo, y la defensa se llevará hasta sus últimas consecuencias.